"Esperando que un mundo sea desenterrado por el lenguaje, alguien canta el lugar en que se forma el silencio. Luego comprobará que no porque se muestre furioso existe el mar, ni tampoco el mundo. Por eso cada palabra dice lo que dice y además más y otra cosa."
sábado, 15 de mayo de 2010
viernes, 14 de mayo de 2010
"El otro lado" en REVISTA SUDESTADA
EL OTRO LADO

A Fabián Polosecki (periodista)
Visitante bohemio remendado con cuero,
la sombra en la pared
recorta el vaso de su alcohol de sueños.
Aferrado a ese fierro
en penumbras de subsuelo
se va por los andenes,
y les pregunta a los guardias por la muerte.
Escribe historias, las camina
con ojos de historietas
que escupen blanco y negro en las paredes.
“Imagina el final”,
reza el último cuadro.
Final de hilachas frías
que arrastra el San Martín por los bellos durmientes.
Y lo extrañan las villas y los circos,
los motoqueros, los montoneros
y los fantasmas del Abasto.
Las monjas, los farsantes,
los dandys decadentes,
las vías, los mataderos
y hasta los cementerios lo buscan
abandonados, solos
rugen por otra historia y desde el otro
vacío y oscuro lado de la mesa
le sacan la tijera que le cortó en jirones
el fierro, las palabras,
el humo y la tristeza.
domingo, 18 de abril de 2010
Oh sí
sábado, 17 de abril de 2010
Siete menos cuarto

Hay un maldito agujero en el mantel
por donde se van las ganas de todo.
La carne es débil, la cerveza fría, el sol inminente.
La dueña te mira muy fijo y sus ojos dicen
"Ya cerramos".
Sabe que no te estás moviendo porque no podés.
No es sólo querer.
Lo sabe, porque te ha estado envenenando toda la noche.
Una noche larga que ha sido pura espera
y el deseo se escurre como arena entre los dedos.
Los deseos no se matan con alcohol.
Se los anestesia un poco, se los marea
y se los entierra vivos en algún lugar del jardín de tu casa
donde luego crecen las mejores rosas del barrio.
En eso estás cuando la mujer se para a tu lado
con la mano estirada.
Pagás de más y salís.
Y la gente que va para el trabajo
te mira con esos ojos despreciables
en la horca de sus corbatas
en el gris mundo de su pequeña mente.
Tal vez debería escribir esto, pensás.
Y apurás el paso.
Final en una habitación de ocho dólares de Avenida Vermont

Tu amor es una calle incierta,
un laberinto.
Un imposible.
Es la sal en mi herida,
mi espejo.
Un puente hacia mí.
Si pudiera callar,
encerrarlo,
ponerle una mordaza de besos.
Tu amor mareo.
Arena.
Caricias, secretos.
Tu amor de tardes rotas,
de relojes malditos
de inútiles adioses.
Si pudiera beberlo.
Hacerlo de mi sangre.
Guardarlo para siempre.
Tu amor, pospuesto,
clausurado.
Amor de comodines.
Tu amor vida o muerte.
Tu amor irreversible.
Tu amor eterno.
Si pudiera reír en lugar de llorar.
Si pudiera cantar cuando debo olvidar.
Si pudiera quedarme cuando debo partir.
un laberinto.
Un imposible.
Es la sal en mi herida,
mi espejo.
Un puente hacia mí.
Si pudiera callar,
encerrarlo,
ponerle una mordaza de besos.
Tu amor mareo.
Arena.
Caricias, secretos.
Tu amor de tardes rotas,
de relojes malditos
de inútiles adioses.
Si pudiera beberlo.
Hacerlo de mi sangre.
Guardarlo para siempre.
Tu amor, pospuesto,
clausurado.
Amor de comodines.
Tu amor vida o muerte.
Tu amor irreversible.
Tu amor eterno.
Si pudiera reír en lugar de llorar.
Si pudiera cantar cuando debo olvidar.
Si pudiera quedarme cuando debo partir.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


